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Cómo limpiar y mantener suelos de baldosas

Los suelos cerámicos son preciosos, resistentes y duraderos. Se utilizan desde hace milenios, y prueba de su resistencia es que todavía podemos contemplar los suelos de mosaico de muchas villas romanas… Sin embargo, a pesar de su durabilidad, también necesitan de cuidados y de mantenimiento para que pasen los años y sigan ofreciendo el magnífico aspecto que aporta la cerámica a cualquier ambiente.

Limpiar y mantener suelos de baldosas

Vamos a empezar por el principio: la limpieza. Seguro que a todos nos ha pasado que, después de hacer obra en casa y colocar un suelo de baldosas de gres o similares, después de fregar nos hemos encontrado con los consabidos restos de cemento que parece que no se van con nada. Pues hay una excelente solución: limpiarlos con ácido clorhídrico o muriático. Estos productos pueden encontrarse en almacenes de material para albañilería, buenas droguerías y algunos centros de bricolaje. A veces se comercializan con el nombre de "eliminador de cemento" o similar. Sin embargo, si en casa tenemos aguafuerte o salfumán, podemos probar a utilizarlos rebajados con agua. Eso sí, siempre con guantes y, a ser posible, mascarilla.

Aunque los suelos cerámicos parecen inalterables, lo cierto es que el gres (la mayoría de estos suelos son de este material) es poroso y puede absorber las manchas, siendo después imposibles de eliminar. ¿Imposibles? De eso nada. Si el problema es una mancha de grasa, suele ser suficiente con limpiarla con una mezcla de agua y detergente quitagrasas, a la que se le añadirá un chorrito de amoniaco. Las manchas de pintura resecas pueden eliminarse con un buen decapante; y si lo que ha caído es cera (por ejemplo, de una vela o cera de depilación), después de rascar los restos en seco bastará con frotar la superficie con vinagre caliente.

Las llagas o juntas entre baldosas son otro cantar. Un consejo: es preferible que sean más bien oscuras, para facilitar el mantenimiento del suelo. Si vemos que con el tiempo se aclaran y quedan grisáceas (a muchas personas les gustan de color negro o muy oscuro), podemos recuperarlas fácilmente aplicando con un pincel una pintura sintética rebajada con aguarrás. Es recomendable cubrir las baldosas con cinta de carrocero para evitar mancharlas, y retirar la cinta de inmediato para limpiar con un paño y aguarrás los restos que hayan podido manchar la cerámica.

En el mercado existen muchos productos protectores para los suelos cerámicos, que son excelentes para prolongar su vida, acentuar su brillo y aumentar su resistencia. Además, para suelos de exterior existen también estupendos "barnices" que convierten a las baldosas en superficies antideslizantes en un visto y no visto. Ésta es una excelente solución para suelos que rodeen a piscinas, pavimentos de porches y suelos de exterior en general.

Si el suelo es de barro, terracota o gres catalán (muy porosos y mucho más delicados), el método tradicional es aplicar una mezcla de aceite de linaza (cocido o con secativos) y esencia de trementina, en una proporción de 1:2 partes. La mezcla hay que calentarla con cuidado (mejor al baño maría para que no hierva) y, cuando esté a 50ºC, se aplica sobre el suelo con paño o mopa. Una vez seco, conviene impermeabilizar la superficie con una cera líquida o un producto protector especial para suelos de barro.

Fotografía: Venatto

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Categorías: Limpieza

Publicado el: 16-05-2011

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